Opuestamente Ficticio - tiene mucho artificio. ¿Me ‘entendicio’?

General

07/09/2010

Una dieta alta en grasa, dos resultados diferentes: Gordo y flaco

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Foto: Yale U.¿Por qué dos personas pueden comer los mismos alimentos ricos en grasas y calorías, haciéndolo en cantidades proporcionalmente iguales a su estatura, y una se vuelve obesa y propensa a la diabetes, mientras que la otra mantiene una silueta delgada? Esta pregunta ha desconcertado desde hace mucho tiempo a los científicos. Ahora, los resultados de una investigación ofrecen una explicación al misterio: Durante la gestación, en el cerebro en desarrollo del feto es prefijada una tendencia hacia un determinado peso corporal.

Bajo la dirección de Tamas Horvath, catedrático de medicina comparativa y profesor de neurobiología, obstetricia y ginecología en la Escuela de Medicina de la Universidad Yale, el equipo de investigación estudió la misma cuestión en grupos específicos de ratas. Estos animales habían sido criados con el propósito de que su vulnerabilidad a la obesidad inducida por la dieta fuera conocida antes de que se les sometiera a dietas ricas en grasas y calorías.

Los animales que se volvieron obesos ya tenían una diferencia importante en una parte del cerebro dedicada a gestionar la alimentación. Las neuronas que deben emitir una señal de saciedad cuando el individuo ha comido lo suficiente, son mucho más lentas en los animales con ese problema, porque son inhibidas por otras células. En animales resistentes a la obesidad, estas neuronas indicadoras de la saciedad son mucho más activas, y por eso siempre están listas para enviar señales de saciedad al resto del cerebro y a tejidos periféricos cuando el individuo ha consumido suficiente comida.

Parece, por tanto, que este “cableado base” del cerebro es un factor determinante en la predisposición de cada individuo a desarrollar obesidad. Lo observado durante este estudio respalda la idea de que la voluntad personal está menos implicada en la propensión a la obesidad de lo que se creía. La obesidad, argumenta Horvath, está más relacionada con las conexiones que se forman en nuestro cerebro durante el desarrollo.

Horvath destaca otras consecuencias no deseadas de estos mecanismos cerebrales perturbados. Aquellos sujetos que son vulnerables a la obesidad inducida por la dieta también desarrollan inflamación cerebral. En cambio, quienes son resistentes a la obesidad inducida por la dieta no desarrollan esa inflamación cerebral.

La obesidad inducida por la dieta se ha vuelto uno de los problemas médicos más preocupantes en Estados Unidos, dada su alta incidencia en la población. En particular, el índice de obesidad en la infancia ha llegado a niveles sin precedentes. Debido a que la genética por sí sola no puede explicar la oleada de obesidad en la sociedad estadounidense, es obvio que los malos hábitos alimentarios, fomentados por la cultura culinaria del país, son una causa.

El punto de vista emergente de los expertos es que, aparte de la genética, en la gestación el impacto materno sobre el cerebro en desarrollo probablemente sea decisivo en el “diseño” de esos circuitos de control de la alimentación, determinando así en un grado importante la vulnerabilidad o resistencia del individuo frente a la obesidad.

Fuentes del artículo:

Traducción al español: Amazings (06/09/2010) | Artículo original en ingles: Selected Science News (13/08/2010)

General

03/06/2010

La cantante Kylie Minogue retorna con “All the Lovers”

File:Kylie Minogue - Aphrodite.jpg

La cantante australiana Kylie Minogue, conocida por su arrollador éxito “Can´t Get You Out of My Head”, durante estas semanas ha retornado a la pista de baile con el estreno del primer sencillo “All the Lovers” de su undécimo álbum de estudio Aphrodite. Para eso, la cantante publicó un video musical que acompaña a la canción, un video que muestra piel, besos y una gran pirámide orgiástica, que casi rebasa los rascacielos de Los Angeles. Todo esto, representando a la diosa griega Afrodita con Minogue en la cima de la pirámide humana. Actualmente, “All the Lovers” recibe buena crítica internacional.

Puedes ver el video musical aquí:

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Entretenimiento

25/03/2010

Chica se viste del personaje de “Ringu” y aterra a la gente

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El papel que juega Ringu en la cultura popular asiática es fuerte. En una reciente noticia, una chica asiática se viste de Sadako y asusta a cuanta persona pase por ella. Una divertida broma, donde hasta la actriz se mata de la risa con el susto tremendo de uno de sus víctimas. Pero al final, sucede algo inesperado.

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Cultura,Literatura

19/03/2010

Espacio literario: “El grito del muerto” de H.P. Lovecraft

El grito del muerto es el cuarto capítulo del cuento Herbest West: Reanimador de H.P. Lovecraft.

El grito del muerto

El grito de un muerto fue lo que me hizo concebir aquel intenso horror hacia el doctor Herbert West, horror que enturbió los últimos años de nuestra vida en común. Es natural que una cosa como el grito de un muerto produzca horror, ya que, evidentemente, no se trata de un suceso agradable ni ordinario. Pero yo estaba acostumbrado a esta clase de experiencias; por tanto, lo que me afectó en esa ocasión fue cierta circunstancia especial. Quiero decir, que no fue el muerto lo que me asustó.

Herbert West, de quien era yo compañero y ayudante, poseía intereses científicos muy alejados de la rutina habitual de un médico de pueblo. Esa era la razón por la que, al establecer su consulta en Bolton, había elegido una casa próxima al cementerio. Dicho brevemente y sin paliativos, el único interés absorbente de West consistía en el estudio secreto de los fenómenos de la vida y de su culminación, encaminados a reanimar a los muertos inyectándoles una solución estimulante. Para llevar a cabo estos macabros experimentos era preciso estar constantemente abastecidos de cadáveres humanos muy frescos, porque aún la más mínima descomposición daña la estructura del cerebro humano. Y descubrimos que el preparado necesitaba una composición específica, según los diferentes tipos de organismos. Matamos docenas de conejos y cobayas para tratarlos, pero este camino no nos llevó a ninguna parte. West nunca había conseguido plenamente su objetivo porque nunca había podido disponer de un cadáver suficientemente fresco. Necesitaba cuerpos cuya vitalidad hubiera cesado muy poco antes; cuerpos con todas las células intactas, capaces de recibir nuevamente el impulso hacia esa forma de movimiento llamado vida. Había esperanzas de volver perpetua esta segunda vida artificial mediante repetidas inyecciones; pero habíamos averiguado que una vida natural ordinaria no respondía a la acción. Para infundir movimiento artificial debía quedar extinguida la vida nocturna: los ejemplares debían ser muy frescos, pero estar auténticamente muertos.

Habíamos empezado West y yo la pavorosa investigación siendo estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Miskatonic, de Arkham, profundamente convencidos desde un principio del carácter absolutamente mecanicista de la vida. Eso fue siete años antes; sin embargo, él no parecía haber envejecido ni un día: era bajo, rubio, de cara afeitada, voz suave, y con gafas; a veces había algún destello en sus fríos ojos azules que delataba el duro y creciente fanatismo de su carácter, efecto de sus terribles investigaciones. Nuestras experiencias habían sido a menudo espantosas en extremo, debidas a una reanimación defectuosa, al galvanizar aquellos grumos de barro de cementerio en un movimiento morboso, insensato y anormal, merced a diversas modificaciones de la solución vital.

Uno de los ejemplares había proferido un alarido escalofriante; otro se había levantado violentamente, nos había derribado dejándonos inconscientes, y había huido enloquecido, antes de que lograran cogerlo y encerrarlo tras los barrotes del manicomio; y un tercero, una monstruosidad nauseabunda y africana, había surgido de su poco profunda sepultura y había cometido una atrocidad… West había tenido que matarlo a tiros. No podíamos conseguir cadáveres lo bastante frescos como para que manifestasen algún vestigio de inteligencia al ser reanimados, de modo que forzosamente creábamos horrores indecibles. Era inquietante pensar que uno de nuestros monstruos, o quizá dos, aun vivían… tal pensamiento nos estuvo atormentando de manera vaga, hasta que finalmente West desapareció en circunstancias espantosas.

Pero en la época del alarido en el laboratorio del sótano de la aislada casa de Bolton, nuestros temores estaban subordinados a la ansiedad por conseguir ejemplares extremadamente frescos. West se mostraba más ávido que yo, de forma que casi me parecía que miraba con codicia el físico de cualquier persona viva y saludable. Fue en julio de 1910 cuando empezó a mejorar nuestra suerte en lo que a ejemplares se refiere. Yo me había ido a Illinois a hacerle una larga visita a mis padres, y a mi regreso encontré a West en un estado de singular euforia. Me dijo excitado que casi con toda probabilidad había resuelto el problema de la frescura de los cadáveres abordándolo desde un ángulo enteramente distinto: el de la preservación artificial. Yo sabía que trabajaba en un preparado nuevo sumamente original, así que no me sorprendió que hubiera dado resultado; pero hasta que me hubo explicado los detalles, me tuvo un poco perplejo sobre cómo podía ayudarnos dicho preparado en nuestro trabajo, ya que el enojoso deterioro de los ejemplares se debía ante todo al tiempo transcurrido hasta que caían en nuestras manos. Esto lo había visto claramente West, según me daba cuenta ahora, al crear un compuesto embalsamador para uso futuro, más que inmediato, por si el destino le proporcionaba un cadáver muy reciente y sin enterrar, como nos había ocurrido años antes, con el negro aquel de Bolton, tras el combate de boxeo. Por último, el destino se nos mostró propicio, de forma que en esta ocasión conseguimos tener en el laboratorio secreto del sótano un cadáver cuya corrupción no había tenido posibilidad de empezar aún. West no se atrevía a predecir qué sucedería en el momento de la reanimación, ni si podíamos esperar una revivificación de la mente y la razón. El experimento marcaría un hito en nuestros estudios, por lo que había conservado este nuevo cuerpo hasta mi regreso, a fin de que compartiésemos los dos el resultado de la forma acostumbrada.

West me contó cómo había conseguido el ejemplar. Había sido un hombre vigoroso; un extranjero bien vestido que se acababa de apear del tren, y que se dirigía a las Fábricas Textiles de Bolton a resolver unos asuntos. Había dado un largo paseo por el pueblo, y al detenerse en nuestra casa a preguntar el camino de las fábricas, había sufrido un ataque al corazón. Se negó a tomar un cordial, y cayo súbitamente muerto un momento después. Como era de esperar, el cadáver le pareció a West como llovido del cielo. En su breve conversación el forastero le había explicado que no conocía a nadie en Bolton; y tras registrarle los bolsillos después, averiguó que se trataba de un tal Robert Leavitt, de St. Louis, al parecer sin familia que pudiera hacer averiguaciones sobre su desaparición. Si no conseguía devolverlo a la vida, nadie se enteraría de nuestro experimento. Solíamos enterrar los despojos en una espesa franja de bosque que había entre nuestra casa y el cementerio de enterramientos anónimos. En cambio, si teníamos éxito, nuestra fama quedaría brillante y perpetuamente establecida. De modo que West había inyectado sin demora, en la muñeca del cadáver, el preparado que lo mantendría fresco hasta mi llegada. La posible debilidad del corazón, que a mi juicio haría peligrar el éxito de nuestro experimento, no parecía preocupar demasiado a West. Esperaba conseguir al fin lo que no había logrado hasta ahora: reavivar la chispa de la razón y devolverle la vida, quizá, a una criatura normal. De modo que la noche del 18 de julio de 1910, Herbert West y yo nos encontrábamos en el laboratorio del sótano, contemplando la figura blanca e inmóvil bajo la luz cegadora de la lámpara. El compuesto embalsamador había dado un resultado extraordinariamente positivo, pues al comprobar fascinado el cuerpo robusto que llevaba dos semanas sin que sobreviniese la rigidez, pedí a West que me diese garantías de que estaba verdaderamente muerto. Me las dio en el acto, recordándome que jamás administrábamos la solución reanimadora sin una serie de pruebas minuciosas para comprobar que no había vida, ya que en caso de subsistir el menor vestigio de vitalidad original no tendría ningún efecto. Cuando West se puso a hacer todos los preparativos, me quedé impresionado ante la enorme complejidad del nuevo experimento; era tanta, que no quiso confiar el trabajo a otras manos que las suyas. Y tras prohibirme tocar siquiera el cuerpo, inyectó primero una droga en la muñeca, cerca del sitio donde había pinchado para inyectarle el compuesto embalsamador. Ésta, dijo, neutralizaría el compuesto y liberaría los sistemas sumiéndolos en una relajación normal, de forma que la solución reanimadora pudiese actuar libremente al ser inyectada. Poco después, cuando se observó un cambio, y un leve temblor pareció afectar los miembros muertos, West colocó sobre la cara espasmódica una especie de almohada, la apretó violentamente y no la retiró hasta que el cadáver se quedó absolutamente inmóvil y listo para nuestro intento de reanimación. Él, pálido y entusiasta, se dedicó ahora a efectuar unas cuantas pruebas finales y someras para comprobar la absoluta carencia de vida, se apartó satisfecho y, finalmente, inyectó en el brazo izquierdo una dosis meticulosamente medida del elixir vital, preparado durante la tarde con más minuciosidad que nunca desde nuestros tiempos universitarios, en que nuestras hazañas eran nuevas e inseguras. No me es posible describir la tremenda e intensa incertidumbre con que esperamos los resultados de este primer ejemplar auténticamente fresco, el primero del que podíamos esperar razonablemente que abriese los labios y nos contase quizá, con voz inteligente, lo que había visto al otro lado del insondable abismo.

West era materialista, no creía en el alma, y atribuía toda función de la conciencia a fenómenos corporales; por consiguiente, no esperaba ninguna revelación sobre espantosos secretos de abismos y cavernas más allá de la barrera de la muerte. Yo no disentía completamente de su teoría, aunque conservaba vagos e instintivos vestigios de la primitiva fe de mis antecesores, de modo que no podía dejar de observar el cadáver con cierto temor y terrible expectación. Además… no podía borrar de mi memoria aquel grito espantoso e inhumano que oímos la noche en que intentamos nuestro primer experimento en la deshabitada granja de Arkham.

Había transcurrido muy poco tiempo cuando observé que el ensayo no iba a ser un fracaso total. Sus mejillas, hasta ahora blancas como la pared, habían adquirido un levísimo color, que luego se extendió bajo la barba incipiente, curiosamente amplia y arenosa. West, que tenía la mano puesta en el pulso de la muñeca izquierda del ejemplar, asintió de pronto significativamente; y casi de manera simultánea, apareció un vaho en el espejo inclinado sobre la boca del cadáver. Siguieron unos cuantos movimientos musculares espasmódicos, y a continuación una respiración audible y un movimiento visible del pecho. Observé los párpados cerrados y me pareció percibir un temblor. Después, se abrieron y mostraron unos ojos grises, serenos y vivos, aunque todavía sin inteligencia, ni siquiera curiosidad. Movido por una fantástica ocurrencia, susurré unas preguntas en la oreja cada vez más colorada; unas preguntas sobre otros mundos cuyo recuerdo aún podía estar presente. Era el terror lo que las extraía de mi mente; pero creo que la última que repetí, fue: “¿Dónde has estado?”. Aún no sé si me contestó o no, ya que no brotó ningún sonido de su bien formada boca; lo que sí recuerdo es que en aquel instante creí firmemente que los labios delgados se movieron ligeramente, formando sílabas que yo habría vocalizado como “sólo ahora”, si la frase hubiese tenido sentido o relación con lo que le preguntaba. En aquel instante me sentí lleno de alegría, convencido de que habíamos alcanzado el gran objetivo y que, por primera vez, un cuerpo reanimado había pronunciado palabras movido claramente por la verdadera razón. Un segundo después, ya no cupo ninguna duda sobre el éxito, ninguna duda de que la solución había cumplido cabalmente su función, al menos de manera transitoria, devolviéndole al muerto una vida racional y articulada… Pero con ese triunfo me invadió el más grande de los terrores… no a causa del ser que había hablado, sino por la acción que había presenciado, y por el hombre a quien me unían las vicisitudes profesionales. Porque aquel cadáver fresco, cobrando conciencia finalmente de forma aterradora, con los ojos dilatados por el recuerdo de su última escena en la tierra, manoteó frenético en una lucha de vida o muerte con el aire y, de súbito, se desplomó en una segunda y definitiva disolución, de la que ya no pudo volver, profiriendo un grito que resonará eternamente en mi cerebro atormentado:

-¡Auxilio! ¡Aparta, maldito demonio pelirrojo… aparta esa condenada aguja!

Ciencia

17/03/2010

¡Sorpresa!: Camarón bajo hielo antártico

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A una profundidad de 600 pies por debajo de la capa de hielo de la Antártida Occidental, una criatura con características similares a un camarón lograron alegrar un día gris polar a finales de noviembre de 2009. Esta criatura es un  anfípodo Lyssianasid de tres pulgadas que encuentra debajo de la barrera de hielo de Ross, alrededor de 12,5 kilómetros de aguas abiertas. Cuando los científicos de la NASA usaban una cámara de perforación examinando a través del huelo, vieron a esta criatura de color rosado-naranja nadar bajo el hielo.

En la página de la NASA puedes ver un vídeo en los momentos precisos que el camarón pasa frente a la cámara.

Crédito: NASA

Cine,Terror

16/03/2010

Secuela en desarrollo de la monstruosa película “Cloverfield”

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Fanático de esta sorprendente película Cloverfield (conocido en nuestro país como Cloverfield-Monstruo) dirigida por Matt Reeves y producido por J.J. Abrams (co-creador de Lost, Alias y Felicity), llega una gran noticia para los fanáticos de esta película de suspense y found footage. Según, J.J. Abrams anunció que una secuela de la película está en desarrollo.

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Cloverfield es una de las películas más notables en el cine found footage, junto a El proyecto de la Bruja de Blair, REC y Actividad paranormal. Y una de las películas más monstruosas después de Godzilla.

Debido a la fama que obtuvo esta película después de su estreno en 2008, pasando los meses comenzaron a salir publicidades falsas relacionándola con diferentes producciones. Una de las fotos enigmáticas, antes del anuncio oficial de su desarrollo salio diferentes fotos difusas. Bajo estas líneas una de las fotos enigmáticas. La causa para que algunas publicidades de la película sean tan dudosas es el uso del marketing viral, creando varias páginas: 01-18-08.com, Slusho.jp y Tagruato,jp.